ABUELOS ESCLAVOS
Desde que la mujer se ha incorporado al trabajo, el papel de los abuelos ha cambiado en la sociedad, convirtiéndose en cuidadores habituales de los nietos e incluso en padres sustitutos. Los psicólogos afirman que el contacto entre las dos generaciones favorece el desarrollo emocional y congnitivo del niño y el estado general de los abuelos. Pero el exceso de responsabilidad que en ocasiones adquieren los mayores puede generar conflictos familiares e incluso trastornos en su salud.
 
 
 
Felipe Medina y Carmen Hernández son abuelos primerizos desde hace dos años. Se encargan a diario de llevar y recoger a Clara a la guardería. También de darle de comer porque sus padres trabajan. “Estamos locos de contentos con la chiquilla, pero cuando se enfurruña no hay quien la domine. Es una niña buena pero no quiere nada más que la saques a la calle. Como ya anda no hay quien pare detrás de ella. Y cansa, claro que cansa”, afirma Medina. A media tarde ya están libres salvo que Clara “esté pachucha”. Les gusta viajar en octubre pero desde que nació Clara esperan a que sus hijos estén libres para irse de vacaciones.

Felipe y Carmen forman parte de ese 43 por ciento de abuelos que afirma hacerse cargo a diario de sus nietos, según la última encuesta sobre Condiciones de Vida de Personas Mayores realizada por el Imserso en 2006, aunque tan sólo un 12 por ciento vive con ellos y éstos no son siempre menores. Según el mismo estudio, un 30,9 por ciento se ocupa varias veces a la semana de ellos y tan sólo un 25,5 por ciento reconoce que lo hace con menor frecuencia.

María Dolores Ortiz Muñoz, psicóloga especializada en Gerontología, señala que los niños que mantienen un contacto con sus abuelos parecen tener en general un mejor desarrollo cognitivo y emocional. “La figura de los abuelos es esencial para trasmitir a los nietos quiénes somos, sus raíces familiares. En los primeros años de vida, son sus cuidadores, sus compañeros de juegos. En la adolescencia se convierten en cómplices frente a sus padres. Y en casos de crisis, como separaciones o fallecimientos, ayudan a su estabilidad emocional”, apunta.

Para los abuelos, los nietos son un nuevo punto de apoyo para sus vidas. Tanto en el plano emocional como de contacto con la realidad. “Con los años vamos perdiendo afectos. Se nos muere el compañero, los amigos, la familia.
Y, sin embargo, nuestra capacidad de amor no se pasa y nos volcamos en los nietos. Se produce una comunicación única y enriquecedora con ellos porque nos enseñan muchas cosas aunque tarden mucho en enseñarlas y lo hagan mal”, afirma Marisa Viñes, presidenta fundadora de Abumar (Asociación de Abuelos y Abuelas en Marcha).

En las últimas décadas, desde que la mujer se ha incorporado plenamente al mundo laboral y la familia clásica se está desestructurando, el papel que ocupan los abuelos en el hogar ha cambiado. Ya no se encargan esporádicamente de los nietos ni es el referente de “sabiduría” y “experiencia de la vida” sino que se han convertido casi en padres para muchos menores o en la persona “que me trae y me lleva al cole”. Los abuelos, además, no sólo contribuyen a la crianza de sus nietos sino al sostenimiento económico familiar al permitir ahorrar un dinero que debería emplearse en un cuidador.

LA CUSTODIA DE LOS NIETOS

Desde el año 2003, la ley del 21 de noviembre de modificación del Código Civil y de la Ley de Enjuiciamiento Civil en materia de relaciones familiares de los nietos con sus abuelos ampara a los abuelos para que nadie les niegue el derecho a disfrutar de sus nietos gracias a la iniciativa de la asociación Abumar. Son tres las situaciones típicas en las que se produce reclamación: cuando fallece uno de los progenitores, cuando hay una separación o divorcio o cuando se producen diferencias económicas o personales entre los padres y los abuelos. El régimen de visitas que se establece en estos casos es una tercera parte del impuesto a un padre separado aunque, según Antonio Acevedo, asesor jurídico de Abumar, “depende de la situación física del abuelo y de dónde viva”. Sólo se necesita acreditar que las visitas se están “impidiendo” y que por parte de los abuelos se “está intentando”. La ley permite también la posibilidad de que los abuelos se queden con la custodia de los nietos en situaciones especiales como fallecimiento o internamiento.

Traspasar fronteras
Los expertos afirman que los abuelos nunca deben traspasar las fronteras de los hijos salvo en los casos en que éstos no sean capaces de ocuparse de los menores. “Los mayores problemas se originan cuando los abuelos desarrollan el papel de padres sustitutos. En estas circunstancias son frecuentes los conflictos entre los abuelos y los padres por diferencias en los estilos de crianza y educación de los nietos”, apunta Ortiz. Pero también puede haber “chantajes afectivos” de los nietos a sus propios padres o conflictos entre el abuelo y la abuela al “reprocharse” el tiempo que dedican a los nietos.

El temor de los padres a que los abuelos “malcríen” a los nietos está detrás de muchos conflictos. Según los psicólogos, depende del contacto que los abuelos tengan con el menor y de la situación familiar en la que se viva. “Cuando somos padres tenemos muchos temores con nuestros hijos y los abuelos ya han pasado esa etapa. Están más relajados y se ponen más del lado de los nietos. Si entre un padre y una madre no hay un acuerdo pleno sobre cómo educar a los hijos, lo mismo ocurre entre padres y abuelos”, añade Jorge de Vega, psicólogo infantil en el hospital Doctor Negrín de Las Palmas de Gran Canaria.

El exceso de dedicación que adquieren los abuelos en esta tarea puede, en ocasiones, pasarles factura a su organismo. No sólo se “sobrecarga” el cuerpo sino que la responsabilidad les provoca también situaciones de estrés.
En las abuelas, la carga produce el llamado “síndrome de la abuela esclava”, en el que son frecuente los síntomas de tipo ansioso depresivo y el empeoramiento de su salud física y mental. “Los abuelos nunca van a decir que sus hijos abusan de ellos aunque en ocasiones puedan verlo así. Decir que no se hacen cargo de ellos es como si dijeran a sus hijos que no quieren a sus nietos. Muchos, además, han nacido durante la posguerra, y tienen asumido que deben hacer frente a todo sin quejarse. Creen que no pueden permitirse el lujo de ponerse malos”, señala Francisco Balea, neuropsicólogo del Colegio Oficial de Las Palmas de Gran Canaria.

Poner límites
Los especialistas en psicología infantil y gerontológica aconsejan a los abuelos poner límites a sus hijos cuando sospechen que los nietos reducen su tiempo libre o les supone una carga para su organismo. No es una tarea fácil, porque muchos abuelos temen perder la relación “afectiva” que tienen con sus nietos o enfrentarse a un conflicto familiar pero afirman que deben reivindicar su “derecho al no”.

“Es fundamental que los mayores no abandonen tres tareas esenciales para la vida y para que el cerebro no se ‘atrofie’: el ocio, la formación continua y el trabajo”
Frases como “me encanta estar con mis nietos pero yo también tengo mis cosas, mis planes” o “no siempre me puedo quedar con el niño pero si te organizas conmigo podría” pueden facilitar el camino para que los hijos se den cuenta de que sus padres tienen también su propia vida. “Los hijos se aprovechan de nosotros si nos dejamos. Los abuelos tienen que saber que tienen su vida, que no se puede prescindir de ella”, argumenta la presidenta de Abumar.

No hay que olvidar, además, que tras un abuelo/a excesivamente entregado pueden existir problemas de tipo depresivo, baja autoestima, conflictos sin resolver con los hijos u otras cuestiones. “No es sano dedicarse casi en exclusividad a algo durante periodos prolongados de tiempo si prescindimos o reducimos a la mínima expresión otras áreas de nuestra vida”, señala Ortiz. Una opinión compartida también por Balea para quien es fundamental que los mayores no abandonen nunca tres tareas fundamentales para la vida y para que el cerebro no se “atrofie”: el ocio, la formación continua y el trabajo.

L. S. V.


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