Elena Valenciano, diputada del Parlamento Europeo

“NO SIEMPRE LA CULTURA DE IZQUIERDAS HA SABIDO ENTENDER LAS REIVINDICACIONES FEMINISTAS”
Esta madrileña, licenciada en Ciencias Políticas por la Universidad Complutense, es la portavoz socialista de la Comisión de Derechos Humanos del Parlamento Europeo. Luchadora infatigable por la igualdad entre hombres y mujeres cree que no se podrá avanzar si la Unión Europea no se convierte en un espacio político en el que la igualdad sea una seña de identidad. Su compromiso está en contribuir a mejorar las condiciones de vida y las oportunidades de las mujeres.
 
 
 
¿Siguen siendo necesarias las políticas de igualdad?
Sí, claro que son necesarias. Yo aún diría más, son imprescindibles, porque todavía la situación de desigualdad de las mujeres tanto en Europa como en España es muy acusada y, por tanto, es muy necesario continuar con las acciones emprendidas e imaginar nuevas propuestas para corregir el punto de partida y poder competir en igualdad de condiciones con los hombres.

¿Qué ámbitos del mundo de la mujer están todavía por desarrollar para alcanzar la tan deseada igualdad?
Sobre todo el acceso de la mujer a todos los ámbitos de poder y decisión, no sólo en el terreno de la política. Probablemente para llegar a equilibrar el punto de vista de las mujeres con el de los varones quede un largo trecho por recorrer, y la prueba es que aún contando con que las mujeres jóvenes españolas tienen ahora mismo un nivel de capacitación similar e incluso superior al de los hombres de su edad, siguen encontrándose muchas barreras y trabas en su desarrollo profesional.
¿Qué se puede hacer desde el Parlamento Europeo para modificar los aspectos retrógrados de determinadas identidades culturales que conviven con nosotros dentro de la Unión Europea?
Desde el Parlamento Europeo hemos apostado siempre por el diálogo, dejando muy claro los límites dentro del respeto por las tradiciones y las culturas. Pero las fronteras se encuentran recogidas en los tratados de Derechos Humanos y no hay ningún relativismo cultural a la hora de defender dichos derechos.

Desde la visión privilegiada de eurodiputada, ¿cuáles son los países que abanderan la vanguardia en la igualdad genérica?
Los países escandinavos en su conjunto, los que se desarrollaron democráticamente antes que nosotros y apostaron desde un principio por la igualdad de género. Los países centroeuropeos presentan un panorama bastante bueno, aunque con carencias, y luego están los del arco del Mediterráneo, excluidos los que acaban de entrar en la Unión, que presentan ciertas conductas sexistas, no en lo que a políticas legislativas se refiere, sino porque en lo más profundo de las relaciones sociales permanece una cultura patriarcal muy acusada; incluidos los países que han sido marxistas, que consideran la clase trabajadora como uniforme, cuando la realidad es que las mujeres viven situaciones de desigualdad muy evidentes. Por tanto, no siempre la cultura de izquierdas ha sabido entender las reivindicaciones feministas, y hace muy pocos años que la socialdemocracia ha abrazado la causa de la igualdad.

En España hay más mujeres que hombres en la Universidad y sacan mejores notas. ¿Cómo se explica que las mujeres no se hayan incorporado plenamente al mundo laboral y sigan teniendo el techo de cristal?
Más que de cristal habría que decir que es de cemento armado. Si fuera de cristal lo hubiésemos traspasado hace mucho tiempo. Hay una resistencia en la sociedad en general a dar a las mujeres el mismo papel que a los hombres, las trabas vienen del mundo masculino, pero no sólo de ahí, se ha convertido en una resistencia social que está en lo más profundo de la estructura en la que vivimos. A pesar de que en nuestro país ha crecido el empleo femenino, el diferencial de ocupación entre hombres y mujeres no se ha acortado y la brecha sigue existiendo. Las mujeres siguen teniendo una enorme dificultad para compatibilizar su vida profesional y familiar.

¿Qué ha supuesto el Plan Concilia lanzado desde el Ministerio de Administraciones Públicas?
Ha supuesto mucho a favor de la igualdad, aunque luego surgen los problemas añadidos para poder desarrollar la iniciativa, pero cualquier medida novedosa y renovadora tiene en principio problemas de implantación. Me parece razonable que se lance desde la Administración Pública y que se haga también extensible a toda la sociedad. En nuestras sociedades había dos funciones diferenciadas, la productiva y la reproductiva, la primera se le encomendaba a los varones y la segunda las mujeres; actualmente la realidad es otra y, por tanto, se impone el organizar la sociedad de tal forma que ambos sexos hagan las dos cosas sin trabas ni problemas. No es posible que los horarios laborales sigan siendo incompatibles con los escolares.

¿Es justa la repartición por cuotas que se da en algunos ámbitos, o quizás habría que ir a una mayor valoración de los méritos independientemente de los géneros?
La condición genérica es de desventaja y por tanto hay que corregirla. Es lo mismo que las carreras de relevos, en la que al corredor que le toca la posta de la curva sale un poco antes que los demás. Cuando no existan las desigualdades de partida y en las sociedades salgamos todos a correr en las mismas condiciones de línea recta, no existirán las cuotas y medidas igualitarias.

¿Qué valoración hace del borrador del anteproyecto de Ley de Garantía de la Igualdad?
Es una apuesta sólida y que mira al futuro de una sociedad más equilibrada.

Ch. S.



ENTREVISTA A DOS BANDAS

Ángel Gabilondo, rector de la Universidad Autónoma de Madrid
“POR SU CARÁCTER PÚBLICO, NUESTRA UNIVERSIDAD BUSCA LA IGUALDAD DE OPORTUNIDADES”
Ángel Gabilondo es catedrático de Metafísica, una disciplina que se ocupa de las formas de creación de realidades y también de las nuevas formas de vida y lenguaje. Desde esta atalaya y desde su experiencia como rector de una de las universidades más prestigiosas de España, asegura que uno de los principales retos que debe asumir la educación superior española es seguir potenciando e impulsando la investigación. También, como presidente de la subcomisión encargada de elaborar el catálogo de títulos de Humanidades piensa que éstas no corren ningún peligro de extinción como señalan los más agoreros, y que estas enseñanzas “gozan de una excelente salud”.

Josep Joan Moreso, rector de la Universitat Pompeu Fabra
“CUALQUIER REFORMA DEBE RESPETAR LA AUTONOMÍA DE LAS UNIVERSIDADES”
Este catedrático de Filosofía del Derecho va a cumplir un año al frente de una de las más prestigiosas universidades, donde ha ejercido también como vicerrector de Profesorado y del Espacio Europeo de Educación Superior. Autor de numerosos libros, además de haber realizado estancias de investigación en diferentes universidades españolas y extranjeras, piensa que cualquier reforma debe pasar por diseñar políticas desde la confianza en las universidades y que el nuevo sistema docente debe basarse en “la consecución de competencias del estudiante y no exclusivamente, como hasta ahora, en la transmisión o dominio de conocimientos”.
¿Qué aspectos debe resaltar la nueva reforma universitaria?
La nueva reforma debe ser quirúrgica y directamente enfocada a aspectos concretos como son los de acceso del profesorado y el de representación de los estudiantes, ambos de importancia fundamental. También se debería abrir un debate serio con respecto a la nueva ley y con relación a lo que supone la nueva universidad y el Espacio Europeo de Educación Superior. Esta modificación se debería haber realizado con anterioridad, pero si se hace ahora debe hacerse una seria reflexión que inmediatamente siga dando pasos hacia una nueva ley.

¿Nos queda mucho para adaptarnos al Espacio Europeo en Educación Superior?
Sí, creo que queda mucho y sobre todo en el ámbito de realizar un enorme cambio en el aspecto cultural, porque la posibilidad que tenemos de homologación, movilidad, es una magnífica oportunidad para organizar de otra manera, además de que podemos cambiar la actividad docente y el Espacio Europeo en Investigación. Tenemos que entender la adaptación como un gran desafío, no obstante, nos queda muchísima tarea aún por hacer. Debo decir que debemos liberarnos de algunos fantasmas, prejuicios y dudas, sobre la conveniencia de hacer un Espacio único Superior en Europa.

La universidad ha sufrido un cambio importante en los últimos años. ¿Cómo ha asumido el reto la universidad de la que usted es rector?
Todos hemos tenido una enorme voluntad y disposición hacia los cambios, pero me reitero en el planteamiento de que la tarea es mucho más honda y extensa de lo que puede parecer en un principio. No es un mero cambio de aspectos anecdóticos, es un cambio muy profundo, y a las personas que llevamos muchos años en la universidad se nos exige a veces que con pocos medios se hagan esfuerzos intensos en poco espacio de tiempo, aún teniendo dudas y resistencias sobre los cambios a realizar. Hemos hecho todo lo que podemos, pero todavía queda mucho por hacer.

¿Qué principios orientan la Universidad Autónoma?
La Autónoma pretende ser innovadora e involucrarse en la sociedad y sus problemas, abierta y plural, de corte científico e investigador. También quiero hacer hincapié en que nuestra universidad por su carácter público quiere y busca ser igualitaria en las oportunidades.

La investigación siempre ha sido la asignatura pendiente ¿Cómo nos encontramos actualmente?
Creo que nos encontramos en la conciencia de que hay que hacer un salto cualitativo; el esfuerzo hasta el momento ha sido grande, ahora parece que hay más mentalidad presupuestaria y de financiación con una mayor apertura de posibilidades que ya veremos si sabemos gestionar bien. No obstante, hay que dar una mayor dimensión a nuestros proyectos, a nuestros equipos, que entran en el séptimo programa marco con muchas más posibilidades. En definitiva es el momento de reconocer que si en Europa no se forman jóvenes investigadores, será muy difícil que se pueda competir con países como Estados Unidos y Japón.

¿Qué me puede decir de los máster que tanto se ofrecen en las universidades privadas?
No me gusta mucho la utilización de la palabra máster, se utiliza con poco criterio y se llama máster a cualquier cosa. Si trabajamos en una línea abierta, esperamos que sea también la propia excelencia de las propuestas la que defina lo que merece un especial reconocimiento. Los máster no tienen coste cero, creemos que hay que hacer políticas de financiación entendiendo que son estrategias prioritarias y señas de identidad de la universidad. Creo que en determinadas comunidades han entendido que han de financiar sus proyectos y otras que consideran que debemos hacer autofinanciación. Hay más bien que marchar en la línea de impulsar los postgrados oficiales.

¿Es partidario de acortar las carreras como propone el MEC?
Una opción como la que se propone no me parece mal, sobre todo si entendemos que tres más uno quiere decir cuatro, tenemos que organizar nuestros estudios a partir de cuatro años y con 120 créditos de contenidos comunes, pero que podamos también al mismo tiempo ofrecer nuestros propios estudios con unas señas de identidad y dando una dimensión práctica a los mismos. Soy optimista para el futuro si la universidad sabe utilizar su autonomía con la estructura propuesta.

¿Cuál es el reto que tiene que asumir la Universidad Autónoma?
El reto va enfocado en varias direcciones, una es el que las personas que trabajamos en la universidad tenemos una determinada edad y en quince años se jubilarán alrededor de 500 personas de entre los profesores, y el reto es incorporar gente joven con ilusión para desarrollar nuestra propia singularidad como universidad para poder hacer una docencia mucho más innovadora. También hay que mejorar las infraestructuras y la habilitabilidad de nuestros recintos con más inversiones y dotando a nuestra universidad de una mejor organización para que funcionen bien las cosas.

M.S.

¿Qué valoración hace del borrador de reforma de la LOU?
Me parece adecuado que, en las circunstancias actuales, se haya planteado una reforma parcial de la LOU y que se modifiquen los aspectos que habían causado más insatisfacción entre las universidades. No tiene sentido abrir de nuevo un proceso constituyente y de reforma de los estatutos, como el que nos vimos obligados a hacer en el pasado todas las universidades.

¿Sobre qué aspectos debe fundamentarse esta nueva reforma universitaria?
Cualquier modificación o reforma parcial de la legislación vigente debería respetar, esencialmente, la autonomía de las universidades. Esto significa diseñar las políticas desde la confianza en las universidades, tanto en la selección del profesorado, como en el diseño de los planes de estudio, etcétera. Conceder autonomía y libertad a las universidades y, después, exigirles responsablemente resultados, previa evaluación, de agencias independientes.

¿Cómo afronta la Pompeu Fabra el proceso de transformación al Espacio Europeo?
El Proceso de Bolonia es una oportunidad magnífica para la universidad española y, en particular, para la UPF, porque uno de los grandes cambios será convertir la formación de postgrado –que actualmente se basa en titulaciones propias, no oficiales y a precios privados– en una oferta sólida y articulada para captar nuevos estudiantes. El postgrado representará para nosotros nuestra vía natural de crecimiento en los próximos años. Esperamos hacer una oferta de calidad y a precio público para atraer a estudiantes de fuera de Cataluña.

¿Cree posible una convergencia con Europa teniendo en cuenta la amplia diversidad de modelos y sistemas educativos en la UE?
No sólo la creo posible, sino que la considero imprescindible. La convergencia de modelos educativos facilitará la movilidad de los estudiantes por toda Europa, que es el espíritu del proceso.

¿Es partidario de acortar las carreras como propone el MEC?
Sí. De hecho, en la UPF siempre hemos sido partidarios de la estructura del 3+2. Es decir, de un primer ciclo o grado, de tres años, de concepción generalista, seguido de un postgrado, de dos años, que serviría para obtener el título de máster y que tendría una orientación más acentuada hacia la especialización profesional o investigadora.
¿A qué se debe que las universidades públicas estén perdiendo alumnos en los últimos años?
Hay dos motivos principales. Por un lado, el evidente descenso de la curva demográfica de los nacidos a mediados de los años ochenta. Del otro, el aumento de la oferta debido al incremento de centros públicos, privados y de la Iglesia, que en quince años ha hecho duplicar el número de universidades en España. Sin embargo, deseo señalar que en la UPF la demanda en primera preferencia es muy superior a la oferta y que en ninguna de nuestras titulaciones el número de estudiantes ha descendido.

¿Qué opinión le merece el papel que desempeñan las universidades privadas?
Es difícil generalizar. Hay universidades privadas que han centrado una atención preferente a la docencia, aunque no tanto a la investigación. Por otro lado, hay otras que creo que no han aportado nada relevante al sistema universitario español.

¿No cree que la función investigadora está escasamente desarrollada en nuestra universidad?
Las universidades españolas, en general, han dado en los últimos años un salto espectacular en lo que se refiere a la investigación. No debemos olvidar que es en la universidad donde se lleva a cabo la mayoría de los proyectos de investigación aplicada del país. Ahora bien, este esfuerzo debe acompañarse de mayores recursos públicos y privados para fomentar la investigación, el desarrollo y la innovación. En este sentido, valoro positivamente la promesa del Gobierno de incrementar el presupuesto destinado a I+D+I y los primeros pasos ya realizados para cumplirla.

¿Qué principios orientan su universidad?
El compromiso permanente de la UPF es ofrecer una enseñanza y una investigación de calidad desde el respeto escrupuloso a los valores de la universidad pública, es decir, a la libertad de pensamiento y a la crítica y, obviamente, a la igualdad real de oportunidades.

¿Qué opina sobre la polémica de la enseñanza del castellano en Cataluña?
Es razonable que a un profesor de fuera se le exija, al cabo de un tiempo, un nivel de catalán que garantice los derechos de los alumnos a aprender en esta lengua. Dicho esto, abogo por un sistema, similar al que ya se aplica en los países escandinavos, que no exija el conocimiento del catalán en el momento de la incorporación, sino después de un plazo de unos dos años, es decir, a posteriori. Así, podemos captar a profesores de valía de fuera, ya que debemos evitar que el catalán se convierta en un obstáculo para la atracción de talento. La UPF es un buen ejemplo, ya que el 33 por ciento del profesorado es de fuera de Cataluña y en el departamento de Economía y Empresa, una cuarta parte de fuera de España. Al poco tiempo, todos ellos entienden el catalán oral y escrito.

M.S.



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