Los alumnos españoles, entre los últimos de la OCDE en comprensión lectora

LEER PARA CRECER
Los alumnos españoles de quince años se encuentran en el furgón de cola de la OCDE en algo tan fundamental como la comprensión lectora. Lo dice el último informe PISA y lo corroboran una y otra vez las encuestas oficiales: nuestros jóvenes arrastran un importante déficit lector. La Ley Orgánica de Educación quiere hacer frente al problema con un plan integral de fomento de la lectura desde las primeras etapas y en todas las áreas, y con la dotación de biblioteca escolar en todos los centros públicos.
Fotos realizadas en Escuela Infantil Municipal "Las Nubes" (Madrid)
 
 
 
Impulso a las bibliotecas escolares

El artículo 113 de la LOE contempla la dotación de biblioteca escolar en todos los centros públicos, algo que supone todo un soplo de aire fresco con respecto a una situación manifiestamente mejorable: el 80 por ciento de los centros educativos carece de biblioteca central; sólo el 28’2 dispone de diez documentos por alumno, como recomiendan los organismos internacionales, y únicamente un 8’8 puede acceder a más de un 60 de documentos de consulta y conocimiento. Son datos del Estudio sobre Bibliotecas Escolares 2005, un informe elaborado por la Fundación Germán Sánchez Ruipérez y el Instituto Idea, donde se denuncia el escaso bagaje de nuestro sistema educativo en cuanto a espacios, dotación de libros, actualización de los fondos bibliográficos, medios tecnológicos, presupuesto y personal para las bibliotecas escolares.

Indicadores internacionales
El estudio, que toma como referencia los indicadores que establecen al respecto la Federación Internacional de Bibliotecas (IFLA) y la UNESCO, revela además que la mitad del alumnado reconoce no acudir nunca a la biblioteca en horario escolar y que incluso el 40 de los docentes apenas utiliza este recurso para su trabajo.
Ante esta realidad, se quiere implicar al profesorado para que dedique un tiempo a la lectura en todas las asignaturas de la Educación Primaria y ESO. Así lo contemplan diversas enmiendas introducidas en el texto de la LOE durante su tramitación parlamentaria, a las que acompaña una importante dotación presupuestaria ya para el presente año.

En nuestro país los jóvenes leen poco, sus padres lo hacen menos y el sistema educativo no dedica un especial esfuerzo a este cometido, más preocupado por transmitir conocimientos que por enseñar a los escolares cómo adquirirlos; de hecho, la nueva reforma prevista en la Ley Orgánica de Educación (LOE) quiere atajar los problemas antes de que se produzcan. El objetivo es afianzar la formación de los alumnos en lectura, escritura y matemáticas, competencias básicas que condicionan mucho la evolución en el resto de aprendizajes. ¿Cómo? Por un lado, está previsto que todos los centros públicos dispongan de bibliotecas escolares; por otro, se considera que una actuación temprana de apoyo en el primer momento en el que se detectan dificultades es el método más eficaz para evitar el fracaso escolar en etapas posteriores. Por eso, los escolares con bajo rendimiento en estas áreas dispondrán de programas de refuerzo, que ya han comenzado a funcionar de forma experimental en muchos centros de Primaria.
Numerosas investigaciones demuestran que el nivel lector logrado por los niños en los primeros años de escolaridad es básico para el rendimiento posterior en todas las asignaturas. “Con la utilización racional y progresiva de textos de literatura infantil en los primeros niveles educativos, se ha de propiciar no sólo el aprendizaje de los mecanismos lectores, sino también el desenvolvimiento de la capacidad de comprensión, fundamento de la cultura y del desarrollo mental”. Son palabras de Fernando Carratalá, doctor en Filología Hispánica y catedrático de Lengua y Literatura, quien cree que el acercamiento de los niños al mundo de los libros infantiles en el espacio físico del aula, se justifica ante una triple necesidad: “desarrollar la sensibilidad ante la belleza y la expresión de ésta por escrito; fomentar la autonomía personal, preparando al escolar para adaptarse a las nuevas situaciones de aprendizaje; y contribuir al desarrollo de la lógica infantil, al ampliar el campo de experiencias del niño, estimulando su fantasía”.

Descubrimiento
La psicopedagoga y especialista en la etapa Infantil Francisca Majó es de la misma opinión: “Para los niños leer un libro es abrirles a la imaginación, a un mundo de comunicación y diálogo; es guiarles en su descubrimiento del mundo, de los demás, de uno mismo, es una fuente de estímulos tan rica en estas primeras edades que conviene canalizarla positivamente para que cada niño y cada niña llegue a ser un buen lector, y los padres y educadores puedan compartir este descubrimiento”.
Juan Manuel Villanueva, doctor en Filología y director del Centro de Apoyo y Recursos de Villaverde (Madrid), destaca la importancia de la lectura desde los primeros años, ya que “con una lectura comprensiva
–acomodada a cada edad– de los primeros cuentos y narraciones, se desarrolla la facultad imaginativa y creadora, elemento imprescindible para saborear la lectura y enriquecer los frutos individuales de la capacidad creadora del niño; lo que no es otra cosa sino fomentar el entendimiento”. Y pide una reflexión sobre los juguetes que se ofrecen a los niños a estas edades, “que impiden el desarrollo de su imaginación, con lo que eso significa de impedimento para el normal avance intelectual de cada edad”.
Majó, que ha sido directora de la revista Infancia 0-6, pide además la total implicación de los padres desde el principio, puesto que “esta actividad curiosa que realizan los niños de manera natural y espontánea se enriquece cuando cuenta con la compañía del adulto que va compartiendo su descubrimiento, su fantasía y acción, con cercanía y afecto. Es un placer compartido a través de esta lectura, el libro crea la gran oportunidad de hablar, de fabular, de escuchar y sentirse escuchado, de compartir...”.
Un hábito que genera beneficios inagotables

La lectura es un instrumento fundamental para el aprendizaje, el desarrollo de la inteligencia y el acceso a la cultura, pero además reporta beneficios inagotables a quien la practica con asiduidad:
- En la vertiente educativa, desarrolla y perfecciona el lenguaje, aumenta el vocabulario y mejora la ortografía. Como consecuencia, también mejora la expresión oral y escrita.
- En el plano cultural, aumenta el bagaje del individuo, al proporcionarle información, saberes y conocimientos. En otras palabras, el que lee aprende.
- Ayuda a que el alumno despliegue todo su potencial intelectual y afectivo y aprenda a ser él mismo.
- Los amantes de los libros estimulan su curiosidad intelectual y despiertan aficiones e intereses que de otro modo permanecerían ocultos.
- Leer libros agiliza la inteligencia, fomenta la capacidad de pensar y la de exponer el propio pensamiento. Por lo mismo, desarrolla el criterio, el análisis y el espíritu crítico de la persona.
- También contribuye al crecimiento global y armónico, potenciando no sólo sus capacidades cognitivas, sino además el sentido estético e incluso la dimensión espiritual y humana.
- Es un hábito muy saludable que no sólo proporciona información y cultura, también divierte, distrae, hace gozar y entretiene. Por ello, facilita la recreación de la fantasía y el desarrollo de la creatividad.
- La lectura nunca debe convertirse en una obligación pesada y onerosa sino en un medio de disfrute que lleve a jóvenes y adultos, en palabras de Pedro Salinas, “a leer por el puro gusto de leer”.

Pero la animación a la lectura no es un proceso fácil y casi nunca se consigue por imposición. La profesora de Ciencias de la Educación, Ana Díaz-Plaja Taboada, en su artículo La lectura: cómo contagiar ese virus tan beneficioso, sostiene que la afición de leer actúa por contagio: “de unas actitudes, de un ambiente o de una oferta creada en su entorno para que se desarrolle este beneficioso “virus”. Muchas veces las aficiones y los gustos están más ligados a la afectividad que a la efectividad. Más próximo a la persuasión que a la obligación. Se trata de conseguir que el hábito nazca de los propios niños, de crear las condiciones favorables para que surja de ellos el deseo de leer, y de seguir leyendo”.

Los ejemplos de Rodari
Para no hacer de la lectura algo aborrecible, el pedagogo y escritor italiano Gianni Rodari ideó para los padres una serie de consejos destinados a conseguir que sus hijos, irónicamente, “odiaran la literatura”, e hizo un repaso de las actitudes equivocadas que sobre esta cuestión adoptan algunos adultos, por ejemplo, “imponer” el libro como una alternativa a la televisión, los videojuegos, los cómics o el entretenimiento en general, lo que muchas veces lleva a niños y jóvenes a identificar la lectura con una tarea difícilmente soportable, muy alejada de la diversión y muy próxima a los deberes escolares.
En su libro Gramática de la fantasía, Rodari orienta a los docentes acerca de cómo evitar apartar a los alumnos de la lectura: “El encuentro decisivo entre los chicos y los libros se produce en los pupitres del colegio. Si se produce en una situación creativa, donde cuenta la vida y no el ejercicio, podrá surgir ese gusto por la lectura con el cual no se nace, porque no es un instinto. Si se produce en una situación burocrática, si al libro se lo maltrata como un instrumento de ejercitaciones (copias, resúmenes, análisis gramatical, etcétera.), sofocado por el mecanismo tradicional ‘examen-juicio’, podrá nacer la técnica de la lectura, pero no el gusto. Los chicos sabrán leer; pero leerán sólo si se les obliga. Y fuera de la obligación, se refugiarán en las historietas –aun cuando sean capaces de lecturas más complejas y más ricas–, tal vez sólo porque las historietas se han salvado de la ‘contaminación’ de la escuela”.
Los estudios también demuestran que el problema no es familiarizar a los niños con los libros, sino evitar que se alejen de ellos cuando van cumpliendo años y se acercan a la adolescencia. La Fundación Bertelsmann acaba de cumplir diez años de presencia en nuestro país como institución comprometida con el fomento de la lectura. Para su directora, Michaela Hertel, “el entusiasmo que algunos niños presentan por la lectura disminuye a los 12 o 13 años. A menudo se cae en el error de no pensar en los gustos y preferencias de este público lector, que, precisamente, es uno de los grupos más difíciles de complacer. La escuela es un elemento indispensable para iniciarles en este hábito, pero la biblioteca del barrio o municipio debe ser también un referente de todos los ciudadanos, también de los jóvenes. Debemos pensar en sus gustos y necesidades, solo así lo sentirán como propio”. Según Hertel, debe haber una separación clara entre lo que son ediciones para niños, y las que son para adolescentes, cuidar las portadas de los libros, ya que la imagen que se dé de ellos es clave para la elección de los jóvenes, y presentarlos según áreas de interés, en vez de por los sistemas convencionales.

Seriedad y rigor
“Entre las causas que han contribuido a degradar la educación en general hay que situar una cierta crisis en el desarrollo de las capacidades y actitudes lectoras”, señala el profesor Carratalá. En su opinión, muchos de nuestros jóvenes no saben leer comprensivamente ni encuentran en la lectura el soporte cultural con que ir desarrollando su personalidad. “Y el desencanto afecta por igual a docentes, alumnos y familias. El fracaso escolar del que es responsable directo la vuelta de espaldas de la sociedad al mundo de la lectura sólo puede reconducirse desde un ingente esfuerzo personal y colectivo”, empezando por el esfuerzo del propio alumno, “que ha de tomar conciencia de que el aprendizaje lector debe ser afrontado con seriedad y rigor”. Al mismo tiempo pide la implicación de los docentes, “que debemos estar dispuestos a introducir en nuestra práctica cambios metodológicos para obtener el mejor rendimiento lector de nuestros alumnos”.
Pero también cree que la participación de la familia en el proceso lector –y, por tanto, educativo– es un factor determinante del éxito del alumno. Y es que más allá de las campañas del Gobierno o los programas que al respecto desarrollan las distintas Comunidades Autónomas, los expertos consideran que no hay mejor receta que hacer del libro un elemento cotidiano y familiar. Por eso, desde la primera infancia es básico que los padres cuenten y lean historias a sus hijos pequeños y que sigan comentando lecturas con ellos cuando hayan aprendido a leer solos. Es un primer paso fundamental; lo contrario es predicar en el desierto, porque es casi imposible que un niño se interese por los libros si sus padres no leen y no ve libros en casa.

Daniel Vila

 
En todas las materias

Si hasta la fecha las campañas institucionales sobre el fomento de la lectura se habían quedado a las puertas del aula, con la LOE se quiere poner en marcha un “plan integral” que pretende alcanzar a todas las materias, especialmente en las primeras etapas de la escolaridad obligatoria. De esta forma, áreas como Conocimiento del Medio, Lengua, Historia e incluso Matemáticas, tendrán un tiempo reservado para la lectura en clase. Para que los escolares se acostumbren a leer al menos media hora al día, el plan ayudará al profesor a modificar sus métodos de aprendizaje y sus programas, con la incorporación de libros que ayuden a despertar ese interés. Eso sí, serán textos específicos, al margen de los libros de cada materia, recomendados por la Administración educativa en cada caso. También se prevé incrementar la dotación de las bibliotecas públicas del Estado y crear “comunidades de lectores”, ya que la mitad de la población adulta en nuestro país lee menos de un libro al trimestre. Y es que por mucho que se fomente este hábito entre los niños y jóvenes, si éstos no ven leer a sus padres, ni tienen libros en casa difícilmente se asentará su interés por la lectura.


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