![]() |
|
|
|||||||||||||||||||||||||||||||||
|
|
|||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
Numerosas investigaciones demuestran que el nivel lector logrado por los niños en los primeros años de escolaridad es básico para el rendimiento posterior en todas las asignaturas. “Con la utilización racional y progresiva de textos de literatura infantil en los primeros niveles educativos, se ha de propiciar no sólo el aprendizaje de los mecanismos lectores, sino también el desenvolvimiento de la capacidad de comprensión, fundamento de la cultura y del desarrollo mental”. Son palabras de Fernando Carratalá, doctor en Filología Hispánica y catedrático de Lengua y Literatura, quien cree que el acercamiento de los niños al mundo de los libros infantiles en el espacio físico del aula, se justifica ante una triple necesidad: “desarrollar la sensibilidad ante la belleza y la expresión de ésta por escrito; fomentar la autonomía personal, preparando al escolar para adaptarse a las nuevas situaciones de aprendizaje; y contribuir al desarrollo de la lógica infantil, al ampliar el campo de experiencias del niño, estimulando su fantasía”. Descubrimiento La psicopedagoga y especialista en la etapa Infantil Francisca Majó es de la misma opinión: “Para los niños leer un libro es abrirles a la imaginación, a un mundo de comunicación y diálogo; es guiarles en su descubrimiento del mundo, de los demás, de uno mismo, es una fuente de estímulos tan rica en estas primeras edades que conviene canalizarla positivamente para que cada niño y cada niña llegue a ser un buen lector, y los padres y educadores puedan compartir este descubrimiento”. Juan Manuel Villanueva, doctor en Filología y director del Centro de Apoyo y Recursos de Villaverde (Madrid), destaca la importancia de la lectura desde los primeros años, ya que “con una lectura comprensiva acomodada a cada edad de los primeros cuentos y narraciones, se desarrolla la facultad imaginativa y creadora, elemento imprescindible para saborear la lectura y enriquecer los frutos individuales de la capacidad creadora del niño; lo que no es otra cosa sino fomentar el entendimiento”. Y pide una reflexión sobre los juguetes que se ofrecen a los niños a estas edades, “que impiden el desarrollo de su imaginación, con lo que eso significa de impedimento para el normal avance intelectual de cada edad”. Majó, que ha sido directora de la revista Infancia 0-6, pide además la total implicación de los padres desde el principio, puesto que “esta actividad curiosa que realizan los niños de manera natural y espontánea se enriquece cuando cuenta con la compañía del adulto que va compartiendo su descubrimiento, su fantasía y acción, con cercanía y afecto. Es un placer compartido a través de esta lectura, el libro crea la gran oportunidad de hablar, de fabular, de escuchar y sentirse escuchado, de compartir...”.
Los ejemplos de Rodari Para no hacer de la lectura algo aborrecible, el pedagogo y escritor italiano Gianni Rodari ideó para los padres una serie de consejos destinados a conseguir que sus hijos, irónicamente, “odiaran la literatura”, e hizo un repaso de las actitudes equivocadas que sobre esta cuestión adoptan algunos adultos, por ejemplo, “imponer” el libro como una alternativa a la televisión, los videojuegos, los cómics o el entretenimiento en general, lo que muchas veces lleva a niños y jóvenes a identificar la lectura con una tarea difícilmente soportable, muy alejada de la diversión y muy próxima a los deberes escolares. En su libro Gramática de la fantasía, Rodari orienta a los docentes acerca de cómo evitar apartar a los alumnos de la lectura: “El encuentro decisivo entre los chicos y los libros se produce en los pupitres del colegio. Si se produce en una situación creativa, donde cuenta la vida y no el ejercicio, podrá surgir ese gusto por la lectura con el cual no se nace, porque no es un instinto. Si se produce en una situación burocrática, si al libro se lo maltrata como un instrumento de ejercitaciones (copias, resúmenes, análisis gramatical, etcétera.), sofocado por el mecanismo tradicional ‘examen-juicio’, podrá nacer la técnica de la lectura, pero no el gusto. Los chicos sabrán leer; pero leerán sólo si se les obliga. Y fuera de la obligación, se refugiarán en las historietas aun cuando sean capaces de lecturas más complejas y más ricas, tal vez sólo porque las historietas se han salvado de la ‘contaminación’ de la escuela”. Los estudios también demuestran que el problema no es familiarizar a los niños con los libros, sino evitar que se alejen de ellos cuando van cumpliendo años y se acercan a la adolescencia. La Fundación Bertelsmann acaba de cumplir diez años de presencia en nuestro país como institución comprometida con el fomento de la lectura. Para su directora, Michaela Hertel, “el entusiasmo que algunos niños presentan por la lectura disminuye a los 12 o 13 años. A menudo se cae en el error de no pensar en los gustos y preferencias de este público lector, que, precisamente, es uno de los grupos más difíciles de complacer. La escuela es un elemento indispensable para iniciarles en este hábito, pero la biblioteca del barrio o municipio debe ser también un referente de todos los ciudadanos, también de los jóvenes. Debemos pensar en sus gustos y necesidades, solo así lo sentirán como propio”. Según Hertel, debe haber una separación clara entre lo que son ediciones para niños, y las que son para adolescentes, cuidar las portadas de los libros, ya que la imagen que se dé de ellos es clave para la elección de los jóvenes, y presentarlos según áreas de interés, en vez de por los sistemas convencionales.
“Entre las causas que han contribuido a degradar la educación en general hay que situar una cierta crisis en el desarrollo de las capacidades y actitudes lectoras”, señala el profesor Carratalá. En su opinión, muchos de nuestros jóvenes no saben leer comprensivamente ni encuentran en la lectura el soporte cultural con que ir desarrollando su personalidad. “Y el desencanto afecta por igual a docentes, alumnos y familias. El fracaso escolar del que es responsable directo la vuelta de espaldas de la sociedad al mundo de la lectura sólo puede reconducirse desde un ingente esfuerzo personal y colectivo”, empezando por el esfuerzo del propio alumno, “que ha de tomar conciencia de que el aprendizaje lector debe ser afrontado con seriedad y rigor”. Al mismo tiempo pide la implicación de los docentes, “que debemos estar dispuestos a introducir en nuestra práctica cambios metodológicos para obtener el mejor rendimiento lector de nuestros alumnos”. Pero también cree que la participación de la familia en el proceso lector y, por tanto, educativo es un factor determinante del éxito del alumno. Y es que más allá de las campañas del Gobierno o los programas que al respecto desarrollan las distintas Comunidades Autónomas, los expertos consideran que no hay mejor receta que hacer del libro un elemento cotidiano y familiar. Por eso, desde la primera infancia es básico que los padres cuenten y lean historias a sus hijos pequeños y que sigan comentando lecturas con ellos cuando hayan aprendido a leer solos. Es un primer paso fundamental; lo contrario es predicar en el desierto, porque es casi imposible que un niño se interese por los libros si sus padres no leen y no ve libros en casa. Daniel Vila |
|||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
|
|||||||||||||||||||||||||
|
|
|
|
|educación| |cartas| |reportajesl| |entrevista||tercera edad| |salud| |Muface| |viajes| |cultura| |agenda| |libros| |MAP| |staff| |ediciones atrasadas| |