Padre Ángel,
presidente de Mensajeros de la Paz

“AÚN EXISTE ESCLAVITUD EN EL MUNDO Y HAY QUE ACABAR CON ELLA”
En su despacho, que, por cierto, no frecuenta demasiado debido a sus continuos viajes, tiene fotos de Adolfo Suárez, Felipe González o José María Aznar, entre otros muchos personajes. Con todos ellos ha mantenido y mantiene excelentes relaciones. La vocación solidaria del Padre Ángel, presidente de Mensajeros de la Paz, no tiene en cuenta barreras ideológicas ni, en muchos casos, jerarquías eclesiásticas. Sin pelos en la lengua, se vuelca en su misión de ayudar y rescatar del pozo de la miseria y la explotación a miles de niños y jóvenes por todo el mundo. Irak, devastada por la guerra, o Benin, uno de los focos de esclavitud que aún quedan en pleno siglo XXI, son dos ejemplos especialmente dramáticos del trabajo de esta ONG.
Foto: Fernando Moreno
 
 
 
¿Cuál es la situación ahora en Irak, un país del que ya se habla poco después de la guerra?
Irak es un desastre sin sentido. Al igual que ha sido un sinsentido hacer la guerra, con motivos o sin motivos –que parece que no los había–. Pero en cualquier caso, las guerras nunca son justificables. Lo más triste es que después de dos años, en Irak sigue sin haber electricidad, ni agua potable, todo está destruido… Todavía no ha ido ni un solo país con ayuda humanitaria a edificar o a volver a edificar lo que han tirado. Y se habla mucho de los insurgentes, que son los que ponen bombas. Pero no se habla, por ejemplo, de esos “zepelin” que van persiguiendo iraquíes, tirando misiles para matarles. Si eso no es una matanza, que baje Dios y lo vea. Esas cosas las hemos visto todos por la televisión. No es posible que esta situación siga existiendo por más tiempo, porque ahí lo único que hay es muerte, destrucción, pobreza, miseria, falta de sanidad. Ese país necesita más médicos y trabajadores sociales que soldados y militares. Estamos trayendo niños enfermos de Irak para cuidarles en España, hemos traído también, con la colaboración del gobierno de Castilla-La Mancha, médicos iraquíes para hacer un cursillo.

Los países “ricos” se reunieron en Madrid para recabar fondos de ayuda para reconstruir Irak en la Conferencia de Donaciones. ¿Sirvió de algo aquella iniciativa?
Lo que uno debe preguntar es si esas donaciones sirven para mantener a los militares ahí, porque para otra cosa no sirven, todo eso es un engaño al pueblo. Somos testigos de que esos fondos no han ido a construir hospitales, ni escuelas ni viviendas. Ha servido, si es que han llegado –algunos lo ponen en duda–, para mantener la guerra. La reconstrucción todavía no ha empezado.

Otro de los lugares de actuación prioritaria para ustedes es Benin, en África. Incluso tuvieron que comprar varios niños en un barco de esclavos.
A Benin fuimos con motivo de aquel barco de niños esclavos que llegó en el año 2001. En ese país estaba, y sigue estando, la ruta de los esclavos, por la que venían y vienen hombres con los que se comerciaba como esclavos. Hay niños que algunos compran para trabajar. Cuando llegaron los niños en el barco, primero les cogió una asociación, luego nos los pasaron a nosotros. Más que pagar por cada uno de ellos, les dimos un dinero para que nos dejaran llevarnoslos a todos. Hoy todavía si vas a algún lugar de África no hace ni falta que compres a los niños, te los regalan. En Benin, más que hambruna, hay falta de condiciones sanitarias y educación. La gente, cuando se trata de ayudar a países de América por catástrofes de naturaleza, aporta dinero. Pero cuando es para ayudar a pueblos de África, no existe esa sensibilidad. Por eso queremos hacer una llamada en este sentido, y hemos puesto en marcha la posibilidad de hacer padrinos. La gente que quiera ayudar debe saber que con uno o dos euros puede mantener a un niño.

“La gente que quiera ayudar tiene que saber que con uno o dos euros puede mantener a un niño”
Uno de los problemas más graves en esos países es el del control de la natalidad.
Es muy polémico de cara a la Iglesia. No es verdad que la Iglesia diga que hay que tener todos los hijos que Dios mande. Hay que tener todos los hijos que uno pueda tener, que pueda mantener y educar. Y hay que poner los medios para que no tengan hijos de más.
¿De qué forma podríamos acabar con el hambre?
No es posible que, en este siglo, no seamos capaces de poder acabar con el hambre. Quizás no podamos acabar con las enfermedades, con la pobreza…, pero con el hambre tenemos la obligación de terminar. Y hay que luchar por ello. Ni los políticos, ni los jerarcas de la Iglesia –no sólo de la católica, sino de todas instituciones religiosas– pueden permitirlo. Vemos todas esas imágenes de niños que se mueren de hambre, y creemos que no podemos hacer nada. Y sí podemos. No es posible que estemos viendo la hambruna y que sigamos todavía sin dar el 0,7 por ciento. Solamente con eso, con ese 0,7 por ciento, habría desaparecido el hambre. De hecho, sólo con el 25 por ciento de lo que gastamos en cosméticos, desaparecería el hambre en el mundo.

¿Por qué, ante problemas como el sida o el exceso de natalidad, la Iglesia se opone al uso del preservativo?
Nadie puede decir a una mujer que tenga que parir diez o doce hijos, es absurdo. La misma Iglesia, la misma sociedad tiene que educar a la gente. Aquí nos han educado... ¿Eso es ir contra la Iglesia? No. Es mayor pecado traer niños al mundo y no poder educarlos o que se mueran de hambre que poner los medios para no traerlos. La doctrina de la Iglesia y la doctrina humana tienen que basarse en el sentido común. Nosotros decimos, y así se lo he dicho al presidente del Gobierno, que en África hay que poner todos los medios para que se tengan menos hijos.

¿Cuáles son sus próximos proyectos?
En Senegal, el Gobierno nos ha pedido unas ambulancias y unos autobuses de médicos, y vamos a hacer comedores. En Níger, hablamos todos los días con el padre Collado, un redentorista español que nos está pidiendo que montemos ahí comedores y llevemos ayuda alimentaria. Ésa es la campaña que queremos hacer allí. Pero esto hay que hacerlo ya, no se puede esperar, cada día, cada mes que pasa, muere gente de hambre.

N. Moreno


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