| Ángel Zapata |
"CUANDO LA LITERATURA NOS DESVELA"
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| Empecemos por la pregunta del millón. ¿De verdad se puede enseñar a escribir? Creo que como con cualquier otro arte. Se pueden enseñar técnicas, procedimientos, recursos. Lo que no se puede transmitir es el impulso creativo; ése lo tiene que llevar puesto cada alumno. Quizá, a lo que más se aprende en un taller literario es a leer. Eso es lo básico, lo fundamental. Lo que sí se puede transmitir es como una cierta forma de relacionarse con la obra artística, entender que no es lo mismo leer un libro que ver un telefilme; un libro es algo que tienes que recrear desde tu propia experiencia, y ese mismo trabajo de recreación es transformador. Mientras que un telefilme lo recibes pasivamente y con la única finalidad de llenar tiempo. ¿Es posible que los talleres cambien el modo de escribir? Eso es indudablemente un peligro. Veo que cada vez se escribe mejor técnicamente, que hay una escritura muy profesional, y hay un cierto riesgo de estandarización. Eso es algo de lo que hay que tener conciencia y prevenir. Vayamos a su libro El vacío y el centro. Es admirable todo lo que usted le saca a un texto. Pero a un lector del común le puede asaltar la duda de si realmente el autor quiso decir todo lo que usted afirma. Es que creo que un texto es verdaderamente artístico justamente cuando el propio movimiento de la escritura toma cierta autonomía y rebasa lo que el mismo autor quiere decir. Donde un texto está funcionando solo, ahí estamos ante una obra de arte. Son textos que elegí justamente porque me habían tocado, me habían emocionado, especialmente en una primera lectura. Y lo que hago al analizarlos es ver cómo está construida esa emoción, y al comprenderlo me emociono más. La pasión que da el conocimiento. Eso es. Son también textos en los que he sentido algo enigmático, en los que me he sentido tocado por una pregunta. De sus análisis se deduce que un buen texto nos desvela, no sólo porque nos mantenga despiertos, sino porque nos descubre a nosotros mismos. Sí, cuando se habla con una frase tópica de la aventura de leer, eso es algo bien real. Leer es arriesgarse a ser desvelado por un texto; y si la lectura no es eso, sólo es entretenimiento, y entretiene mejor el Parque de Atracciones. También se deduce que no le gusta a usted lo que Marsé llama prosa sonajero. Creo que ésa es una epidemia en la literatura española, que cuando hoy un escritor se pone a escribir, de lo que parte, o lo que lleva sobre los hombros, es un código fuertemente retorizado, que es el de nuestra tradición, y que históricamente tiene que ver con que en este país, a lo largo de los siglos, la gente no ha podido escribir de lo que pensaba y de lo que sentía, tal como lo pensaba y lo sentía, y lo que se ha implantado es un código barroco que tiende al encubrimiento y a hacer volutas sobre puras vacuidades. Le supongo lector omnívoro, pero ¿cuál sería su canon particular? Todo Proust. Proust no es un escritor, es una religión. Y gente como Beckett, Bernhard. También me interesa mucho el nuevo realismo norteamericano: Raymond Carver, Tobias Wolff. En sus cuentos, cambiemos de tercio, lo que resuenan son ecos que van de Ramón al surrealismo, pasando por chispazos de un lenguaje vallejiano. Totalmente de acuerdo. Vallejo es una referencia porque consigue decir cosas que no había dicho nadie. Es un libro que viene en buena medida de Medardo Fraile, por eso se lo dedico. Su magisterio es el principal, pero están todas esas vetas, y muy especialmente la del surrealismo. La textura que da unidad al libro es la de la literatura del absurdo, pero no un absurdo descarnado, sino con un lado humano. Ese humor de las películas de Berlanga y los guiones de Azcona. Porque ahí está el absurdo, el humor negro, que es una tradición muy española y muy valiosa. El heredero de eso es Javier Tomeo, que es un escritor que a mí me interesa mucho. ¿Le resulta más difícil la creación que el análisis literario? Para crear hay que desconectar de ese lado reflexivo, intelectual, y es casi como abandonarse a un cierto delirio, y eso cuesta y no es algo que uno pueda hacer a voluntad. Yo soy como los poetas, un cuento viene cuando él quiere, no lo puedes premeditar. ¿El exceso de técnica puede lastrar la creatividad? Lo que pasa es que hay como dos fases muy diferenciadas, que no disociadas. La primera inmersión imaginativa en un mundo loco, y luego, ya con la cabeza fría, todo el minucioso trabajo de corrección, y ahí es donde el conocimiento técnico muchas veces proporciona soluciones muy creativas. No son momentos disociados. Como decía Borges, primero se tiene un don, luego hay que mostrarse digno de él. Eso es. Por ejemplo, Borges tiene el don de la síntesis. La crítica ha señalado que sus historias son como la punta de un iceberg que queda fuera del relato. Sí, creo que el cuento, por su misma brevedad, funciona como una metonimia de una historia más grande que no se cuenta. Requiere todo ese trabajo de selección que consiste en ver qué partes de esa historia sirven para evocar el todo. El paradigma sería el famoso cuento de Monterroso: cuando se despertó, el dinosaurio todavía estaba ahí. Doy una clase de dos horas sobre ese cuento. ¿Y qué cosas dice? Digo que la clave está en el ahí, que es un deíctico, un designador, y, como tal, es profundamente ambiguo. Ahí puede ser en la silla, en el Renacimiento o en el principio de esta entrevista. Puede señalar hacia cualquier sitio, real, imaginario o puramente lingüístico. Ésa es la ambigüedad que en ese cuento produce el efecto de lo fantástico. No sé si le sigo. ¿Cree que pesa más el ahí que el todavía? La ambigüedad afecta al tiempo y al espacio. El todavía establece un continuo entre dos temporalidades que son realmente heterogéneas, el sueño y la vigilia, crea como una única temporalidad que, en tanto que continua, es imposible. Y dentro de esa temporalidad, señala hacia un sitio, el ahí, que no se puede determinar, puede ser un recuerdo dentro de su sueño, en la habitación, en un cuadro de la habitación. La crítica también dice que tiene usted futuro como narrador. ¿Tiene material para que se cumpla el pronóstico? Es que los cuentos llegan cuando quieren. Tengo esa disciplina de dejar que cada libro surja de su necesidad, como que son los libros los que piden nacer. Soy muy contrario a la premeditación. Tengo, sobre todo, bocetos de nuevos cuentos. Ángel Vivas |
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