ESCAPARATE

Dos méritos avalarían ya de entrada esta brillante obra narrativa de Pablo Andrés Escapa, Las elipsis del cronista, recientemente editada por Páginas de Espuma. El primero de ellos, su pertenencia a un género minoritario, y de acreditado pedigrí artístico: el cuento. Y el segundo, la apuesta del autor por una prosa de indudable sabor literario, en las antípodas de esa “frescura” —léase: vacuidad mediática— con la que suele obsequiarnos en los últimos años la infame turba de nocturnos internautas metidos a escritores, y demás comedores de cruasanes. En Las elipsis del cronista, pues, el lector va a encontrarse con un texto afinado mediante el diapasón del estilo y la buena retórica. Y con la propuesta, además, de un viaje fascinante a una nueva geografía mítica —Badabia— que forma parte ya, por mérito propio, del continente de la Literatura. Un libro para leer con el móvil apagado. Y un libro, sobre todo, que contiene el magnífico debut de un escritor de un cuerpo entero, Pablo Andrés Escapa, que ojalá logre amarrarse al mástil formidable de su talento —construido de exigencia, trabajo y gusto—, sin atender a cantos de sirenas.
Dentro, también, del territorio de lo mítico —pero del mito clásico ahora— la editorial SM acaba de publicar una espléndida narración destinada al público juvenil, El hijo del héroe, de la escritora Loren Fernández. Siguiendo el esquema de la novela de aprendizaje, El hijo del héroe narra las peripecias de Lulo, un muchacho que sigue a su padre en la búsqueda de una nueva tierra donde vivir, después de la destrucción de Troya. Una recreación, pues, del entorno histórico y mítico de la Grecia antigua. Pero una novela, también, donde la autora ha conseguido que el trasfondo didáctico no empañe nunca el esmero y la levedad de la prosa, la eficacia de la composición, y la emoción que debe presidir el universo de los relatos épicos.
De la antigua Grecia a la Inglaterra del siglo xviii, ediciones Acantilado pone al alcance de los lectores un título realmente exquisito: el Prefacio a Shakespeare, del ensayista, poeta y crítico Samuel Johnson. Un texto bellísimo, lleno a la vez de erudición y sagacidad crítica. Y una lectura enteramente moderna, además, que aún sigue guiando nuestro modo de acceder a Shakespeare.
Terminamos, pues, con otra guía. Pero una guía, ahora, orientada hacia el uso y el desarrollo de una facultad no siempre despierta: la inteligencia emocional. Ésta es la propuesta de un libro práctico, cuidado y muy ameno publicado por la editorial San Pablo —Alfabetización emocional, de Joaquín Campos Herrero—, que se completa con diversos tests, esquemas y ejercicios.
 
 
 
Metáforas del símbolo
CON LUPA
Eduardo García. Horizonte o frontera.
Ed. Hiperión.
Dos libros avalaban, a fecha de hoy, la trayectoria de Eduardo García. El primero de ellos, Las cartas marcadas (1995), es el acta de nacimiento de un poeta exigente, dueño ya de sus recursos; y en el que los temas y los modos de la llamada “poesía de la experiencia” se ven sometidos a una criba intensamente personal; articulados —sobre todo— en una sensibilidad y un universo propios, en donde la matriz de la ironía da lugar a un sujeto poético que emerge siempre en el espacio de una vacilación, una distancia, una sospecha. Ésta será, de hecho, la veta que García desarrolle en su siguiente libro, No se trata de un juego (1995), un texto “rico de aventura”, verdadera hoja de ruta donde el autor se va alejando de la dicción y los efectos de la tramoya realista; y se embarca —por la vía del símbolo— en una búsqueda del todo original: en el viaje que culmina con este título, Horizonte o frontera editado por Hiperión.
Justo es decir, no obstante, que de su paso por el realismo García ha conservado el gusto por la representación figurativa, una cierta narratividad, la apuesta por un poema barthesianamente legible, así como el empeño en una dicción limpia y exacta, característicos de los mejores autores de esta escuela. Con todo, qué duda cabe —en cambio— de que es preciso reconocer en Eduardo García a uno de los artífices no sólo más destacados, sino abiertamente pioneros, del maridaje entre esas dos corrientes que Luis Antonio de Villena ha bautizado, con pleno acierto, como “voz lógica” y “voz órfica”.
En la vanguardia de esta integración, Horizonte o frontera es un libro brillante, imprescindible, solidísimo y exploratorio a un tiempo. Es, diríamos, el hito de esa “primera madurez” en la trayectoria de un poeta todavía joven: un texto, sí, donde es verdad, por una parte, que el suelo de la poesía realista resulta abiertamente superado; pero en el que no deja de ser claro, a la vez, que se trata de una superación por ahondamiento; y no, desde luego, por el goce pueril de la ruptura.
No se trata tanto, pues, de que el poeta rompa o no con una poesía que aspira a representar la experiencia. Como de la difícil percatación, en el corazón mismo del acto poético, de que la experiencia ya está, de antemano, rota; y de que es este mismo centro en falta, esta ruptura/rajadura que es el sujeto, lo que reclama —precisamente— el trabajo de una palabra poética (conformadora, creadora, metafórica, activa) capaz de articularlo como experiencia. De manera que allí donde la poesía clásica nos confronta a un sujeto “dueño” de su conciencia y su palabra, la poesía post-clásica de Eduardo García nos aboca al deseo incesante de un sujeto sólo dado como búsqueda; al enigma de una identidad sólo accesible en sus ensoñaciones, sus interrogaciones: en el fulgor que alumbra y desordena la sucesión de sus semblantes y sus símbolos. Éstos son la propuesta y el logro que vibran en las páginas de Horizonte o frontera. Un libro, en suma, que tiene ya valor de referencia, dentro del nuevo rumbo de la poesía española.
 
 
 
HISTORIA
Juan Pimentel.
Testigos del mundo. Ed. Marcial Pons.
En la era de la globalización y el nestcafé instantáneo, nos cuesta imaginar la zozobra, el asombro, esa mezcla de ensoñación y miedo que embargaba a los estudiosos de la Edad Media, mirando aquellos mapas fantasiosos en los que el mundo terminaba en el Atlántico, y más allá no había sino países de leyenda, deidades marinas, abismos, monstruos... Como nos es difícil, por lo mismo, pensar que el mundo, luego, hubo de ser no solamente recorrido; sino más bien —y sobre todo— escrito, clasificado, relatado, atestiguado. El hecho, en cambio, es que fue necesario un tenaz y dilatado empeño de exploración, desciframiento y re-escritura, para que el reino de lo absolutamente Otro fuese colonizado por la imaginación y la episteme occidental; y pudiera consumarse así la tarea civilizadora de transformar al monstruo en buen salvaje, al salvaje en indígena, y al indígena —que es a lo que íbamos— en mano de obra barata. Las relaciones entre la ciencia, la literatura y los viajes en la época de la Ilustración es el objeto de estudio de este espléndido libro de Juan Pimentel, Testigos del mundo, editado por Marcial Pons. Hablamos, pues, de metáforas, de operaciones retóricas y técnicas literarias, de la fabricación de relatos e imágenes del mundo: de Robison Crusoe y el capitán Cook, de la Terra Australis y el mítico Paso del Noroeste. Un libro sencillamente fascinante; una inspirada y minuciosa indagación en lo que nuestro modo de concebir la vida le debe a la narrativa de viajes; y una obra, en fin, donde el rigor y la exigencia de la historiografía académica, no cede a la pasión de ignorar que “leer” el libro de la Naturaleza fue siempre escribirlo; que hacer Historia, inevitablemente, es tramar un relato.
 
 
 
ADMINISTRACIÓN
Luis Fernando Crespo Montes.
Mitos y ritos de la Administración española. INAP.
La situación actual de la Administración española ¿es el efecto deliberado de los procesos de reforma y modernización llevados a cabo durante la segunda mitad del siglo xx? ¿Deriva, quizá, de la inevitable adaptación interna a los avatares de la Historia y el desarrollo de la técnica? ¿Se produce, más bien, como resultado de la interacción entre estos dos factores? Esta baraja de hipótesis es la que aspira a responder Luis Fernando Crespo Montes, en Mitos y ritos de la Administración española, editado por el INAP. Crespo parte de una constatación realista: la sucesión de programas y proyectos de mejora que ha tenido lugar en las últimas décadas, así como la promoción en el organigrama del poder político destinada a facilitar la actuación del gobierno sobre el sector (con la creación de un ministerio a partir de 1986), tendría que haber favorecido una situación óptima dentro de la Administración, lo que aún sigue siendo, en cambio, un horizonte a alcanzar. El autor analiza en detalle este desfase; cronológicamente —a través de los hitos más significativos de la historia reciente—; y sincrónicamente, con el diagnóstico certero e irónico muchas veces, de esos “mitos y ritos” que al modo de las creencias orteguianas operan solapadamente en la cultura de nuestra Administración. Un libro, en suma, que acierta a reunir el rigor de la erudición histórica y técnica, con la agudeza y la impagable amenidad de una honda formación humanística.
 
 
 
BOLSILLO
Emblema y forjador a la vez de la sensibilidad romántica, François René de Chateaubriand vivió en la época turbulenta que abarca el estallido de la Revolución Francesa, el imperio napoleónico y la posterior restauración monárquica. Viajero, diplomático, hombre de letras, finísimo prosista embebido en esa “conciencia desdichada” que atraviesa el Romanticismo, Chateaubriand nos legó en sus Memorias de ultratumba —editadas ahora por Alianza—, no sólo un testimonio de su trayectoria artística, política y sentimental (una obra cumbre, de hecho, dentro del género memorialístico), sino uno de esos textos “fundadores”, que han contribuido a modelar la Cultura.
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