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Metáforas del símbolo
Ed. Hiperión. Dos libros avalaban, a fecha de hoy, la trayectoria de Eduardo García. El primero de ellos, Las cartas marcadas (1995), es el acta de nacimiento de un poeta exigente, dueño ya de sus recursos; y en el que los temas y los modos de la llamada poesía de la experiencia se ven sometidos a una criba intensamente personal; articulados sobre todo en una sensibilidad y un universo propios, en donde la matriz de la ironía da lugar a un sujeto poético que emerge siempre en el espacio de una vacilación, una distancia, una sospecha. Ésta será, de hecho, la veta que García desarrolle en su siguiente libro, No se trata de un juego (1995), un texto rico de aventura, verdadera hoja de ruta donde el autor se va alejando de la dicción y los efectos de la tramoya realista; y se embarca por la vía del símbolo en una búsqueda del todo original: en el viaje que culmina con este título, Horizonte o frontera editado por Hiperión. Justo es decir, no obstante, que de su paso por el realismo García ha conservado el gusto por la representación figurativa, una cierta narratividad, la apuesta por un poema barthesianamente legible, así como el empeño en una dicción limpia y exacta, característicos de los mejores autores de esta escuela. Con todo, qué duda cabe en cambio de que es preciso reconocer en Eduardo García a uno de los artífices no sólo más destacados, sino abiertamente pioneros, del maridaje entre esas dos corrientes que Luis Antonio de Villena ha bautizado, con pleno acierto, como voz lógica y voz órfica. En la vanguardia de esta integración, Horizonte o frontera es un libro brillante, imprescindible, solidísimo y exploratorio a un tiempo. Es, diríamos, el hito de esa primera madurez en la trayectoria de un poeta todavía joven: un texto, sí, donde es verdad, por una parte, que el suelo de la poesía realista resulta abiertamente superado; pero en el que no deja de ser claro, a la vez, que se trata de una superación por ahondamiento; y no, desde luego, por el goce pueril de la ruptura. No se trata tanto, pues, de que el poeta rompa o no con una poesía que aspira a representar la experiencia. Como de la difícil percatación, en el corazón mismo del acto poético, de que la experiencia ya está, de antemano, rota; y de que es este mismo centro en falta, esta ruptura/rajadura que es el sujeto, lo que reclama precisamente el trabajo de una palabra poética (conformadora, creadora, metafórica, activa) capaz de articularlo como experiencia. De manera que allí donde la poesía clásica nos confronta a un sujeto dueño de su conciencia y su palabra, la poesía post-clásica de Eduardo García nos aboca al deseo incesante de un sujeto sólo dado como búsqueda; al enigma de una identidad sólo accesible en sus ensoñaciones, sus interrogaciones: en el fulgor que alumbra y desordena la sucesión de sus semblantes y sus símbolos. Éstos son la propuesta y el logro que vibran en las páginas de Horizonte o frontera. Un libro, en suma, que tiene ya valor de referencia, dentro del nuevo rumbo de la poesía española. |
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Testigos del mundo. Ed. Marcial Pons. En la era de la globalización y el nestcafé instantáneo, nos cuesta imaginar la zozobra, el asombro, esa mezcla de ensoñación y miedo que embargaba a los estudiosos de la Edad Media, mirando aquellos mapas fantasiosos en los que el mundo terminaba en el Atlántico, y más allá no había sino países de leyenda, deidades marinas, abismos, monstruos... Como nos es difícil, por lo mismo, pensar que el mundo, luego, hubo de ser no solamente recorrido; sino más bien y sobre todo escrito, clasificado, relatado, atestiguado. El hecho, en cambio, es que fue necesario un tenaz y dilatado empeño de exploración, desciframiento y re-escritura, para que el reino de lo absolutamente Otro fuese colonizado por la imaginación y la episteme occidental; y pudiera consumarse así la tarea civilizadora de transformar al monstruo en buen salvaje, al salvaje en indígena, y al indígena que es a lo que íbamos en mano de obra barata. Las relaciones entre la ciencia, la literatura y los viajes en la época de la Ilustración es el objeto de estudio de este espléndido libro de Juan Pimentel, Testigos del mundo, editado por Marcial Pons. Hablamos, pues, de metáforas, de operaciones retóricas y técnicas literarias, de la fabricación de relatos e imágenes del mundo: de Robison Crusoe y el capitán Cook, de la Terra Australis y el mítico Paso del Noroeste. Un libro sencillamente fascinante; una inspirada y minuciosa indagación en lo que nuestro modo de concebir la vida le debe a la narrativa de viajes; y una obra, en fin, donde el rigor y la exigencia de la historiografía académica, no cede a la pasión de ignorar que leer el libro de la Naturaleza fue siempre escribirlo; que hacer Historia, inevitablemente, es tramar un relato. |
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Mitos y ritos de la Administración española. INAP. La situación actual de la Administración española ¿es el efecto deliberado de los procesos de reforma y modernización llevados a cabo durante la segunda mitad del siglo xx? ¿Deriva, quizá, de la inevitable adaptación interna a los avatares de la Historia y el desarrollo de la técnica? ¿Se produce, más bien, como resultado de la interacción entre estos dos factores? Esta baraja de hipótesis es la que aspira a responder Luis Fernando Crespo Montes, en Mitos y ritos de la Administración española, editado por el INAP. Crespo parte de una constatación realista: la sucesión de programas y proyectos de mejora que ha tenido lugar en las últimas décadas, así como la promoción en el organigrama del poder político destinada a facilitar la actuación del gobierno sobre el sector (con la creación de un ministerio a partir de 1986), tendría que haber favorecido una situación óptima dentro de la Administración, lo que aún sigue siendo, en cambio, un horizonte a alcanzar. El autor analiza en detalle este desfase; cronológicamente a través de los hitos más significativos de la historia reciente; y sincrónicamente, con el diagnóstico certero e irónico muchas veces, de esos mitos y ritos que al modo de las creencias orteguianas operan solapadamente en la cultura de nuestra Administración. Un libro, en suma, que acierta a reunir el rigor de la erudición histórica y técnica, con la agudeza y la impagable amenidad de una honda formación humanística. |
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