| Coordina Honorio Bando Casado |
¿QUÉ ES LA DEPRESIÓN?
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El trastorno bipolar es una enfermedad episódica y recurrente de larga evolución, con un curso variable, caracterizada por la fluctuación del estado del ánimo entre los dos polos, la tristeza depresiva y la euforia expansiva (presencia de fases depresivas y fases maniacas) con periodos de eutimia (estado de ánimo normal) entre las fases de la enfermedad durante los cuales el paciente está asintomático. En las fases maniacas el paciente se siente eufórico, a veces irritado, muy hiperactivo, con gran vitalidad y sorprendentemente tiene menor necesidad de sueño, sintiendo gran energía. Inician muchas actividades, que frecuentemente abandonan para comenzar otras que tampoco acaban, debido a la alta distractibilidad. A veces realizan compras desorbitadas de objetos absurdos o innecesarios. El paciente maniaco rara vez se siente enfermo, al contrario, muchos se sienten mejor que nunca y rechazan la necesidad de ser tratados. El otro grupo lo constituyen las llamadas depresiones reactivas entre las que se encuentran los trastornos adaptativos las reacciones a estrés agudo, otros trastornos depresivos menores y la distimia. Estas depresiones han sido las clásicamente conocidas como neuróticas. Su relación con acontecimientos recientes adversos es más clara, haciendo más comprensible sus causas, que implican factores psicógenos y alteraciones de personalidad previa. Los síntomas suelen ser más leves pero pueden repercutir gravemente en la funcionalidad y autonomía del paciente. La distimia es una depresión crónica que afecta de 1,5 a 3 veces más a las mujeres que a los hombres. Normalmente aparece de forma gradual y progresiva en edades jóvenes y con frecuencia los pacientes describen sentimientos de tristeza e insatisfacción. Muchas veces es difícil delimitar la tristeza habitual en una personalidad depresiva normal, de la tristeza persistente de la distimia por lo que es importante observar y cuantificar la gravedad de los síntomas depresivos y el carácter crónico de los mismos. Clásicamente la medicación antidepresiva sólo era útil para las depresiones llamadas endógenas en las que la psicoterapia no era eficaz. Por el contrario, las depresiones neuróticas se trataban sólo con psicoterapia. Esto dejaba buena parte de las depresiones sin resolverse. Afortunadamente, el desarrollo de nuevos fármacos antidepresivos y de técnicas psicoterapéuticas más evolucionadas (especialmente las terapias cognitivas) han venido a ampliar el espectro de depresiones que se resuelven adecuadamente. En la actualidad es universalmente aceptado que, para cualquier tipo de depresión, lo más eficaz es la combinación de medicación y psicoterapia. |
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